Sor María

Mt. 16, 24-26 “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por Mí, la hallará. ¿Qué le aprovecha a un hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”

Me llamaba Mary, ahora soy Sor María. Nací en el Sur de la India, en el bonito estado de Kerala. Éramos tres hermanos muy pequeños cuando murió mi madre. Yo tenía año y medio y mi abuela materna me llevó a su casa. He vivido siempre en ambiente muy cristiano: Rezábamos el Rosario en familia y leíamos la Biblia en casa, íbamos a la parroquia y pronto empecé a colaborar en todo lo que podía. En mi pueblo había monjas y ya desde pequeña, al verlas, me entraban ganas de ser monja. A los 6 años hice mi Primera Comunión. Estudié en el colegio de las Carmelitas. Las Monjas, en la catequesis nos contaban la vida de los mártires. A mí me gustó mucho la vida de Santa María Goretti y en cualquier ocasión le rezaba.
Mi padre nunca quiso que fuera monja. Al terminar los estudios de los 15 años, muchas monjas me invitaron a ir con ellas pero mi padre me lo prohibió.
Por fin pude ir a un campamento vocacional y vi claro que debía entregar mi vida al Señor, pero por todas partes tenía obstáculos. Seguí estudiando y comencé Enfermería y Farmacia. En una ocasión estuve una semana de retiro en los Carismáticos y allí me penetraron estas palabras de Mt. 16, 24-26: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por Mí, la hallará. ¿Qué le aprovecha a un hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”
Muchas monjas me querían llevar con ellas, pero un sacerdote que me conocía me dijo que aún no era la hora y debía esperar.
Así que terminé mis estudios y me puse a trabajar en un hospital, pero no encontraba satisfacción. Decidí entregarme a Dios enteramente, pues Él es mi único tesoro, y en medio de mis defectos y debilidades, me puse en manos de Dios y Él allanó mis caminos, y misteriosamente me condujo a España, a este Monasterio de la Virgen de la Merced donde vivo feliz, con el anhelo de ganar almas para Cristo. Yo no puedo hacer nada sin Él, pero estoy segura de que el que me llamó por pura gracia es fiel y nunca me abandonará. Estas palabras de Isaías me llenan de confianza: “Te he llamado por tu nombre. Tú eres mía”. (Is. 43, 1)
Llevo 13 años en España y estoy muy contenta de haber seguido la llamada de Dios y le pido me ayude para ofrecer mi vida entera en rescate de tantas almas que se pierden, ya que este es el carisma de nuestra Orden.

- Testimonio redactado en 2008 -